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El juego de las apariencias

El juego de las apariencias

EL JUEGO DE LAS APARIENCIAS

Bien es sabido que las apariencias engañan y pese a saber que no es oro todo lo que reluce y que es mejor no juzgar un libro por su portada ¿se consigue realmente no caer en el juego de las apariencias?
Si se pone como ejemplo las redes sociales y el contenido publicado en ellas, es posible observar como las apariencias influyen en quien está viendo algo por primera vez. Muchas veces se publican fotos idílicas acompañadas de frases con mensaje positivo, sin embargo ¿refleja la foto feliz el estado de ánimo real de quien sube dicha foto, o es la foto feliz la que hace pensar que el autor de la misma es feliz y positivo? No puede saberse de buenas a primeras y, sin embargo, tiende a creerse que sí.

La imagen de una persona, objeto o situación no es siempre lo que parece, las primeras impresiones se realizan en base a la información ofrecida por esa apariencia externa. Lo cierto es que dichas impresiones pueden estar sujetas a sesgos cognitivos y en ocasiones no corresponder a la realidad de lo observado. Siguiendo con el ejemplo, el que una foto y una frase reflejen un estado de alegría no siempre significa que el autor mantenga dicho estado de ánimo. Además, se ha de tener en cuenta que estas primeras impresiones responden tanto a la imagen que tienen lo que se ve, como a la historia personal del observador, generando en él creencias sobre lo que ha visto basadas en sus propias experiencias vitales previas o en las emociones o estado de ánimo en el que se encuentre en el momento de percibir un nuevo estímulo.

Un sesgo que sirve de ejemplo para este fenómeno es el “Efecto Halo”, consistente en realizar un juicio sobre una persona u objeto a partir de la observación de una sola característica o cualidad. Junto con la generalización de distintas creencias, este efecto puede llevar a atribuir a alguien atractivo físicamente una mayor predisposición a tener éxito en otras áreas de su vida, aún sin tener más información sobre dicha persona, y viceversa, a considerar que alguien poco atractivo físicamente no tendrá éxito en su día a día.

Por lo tanto, las primeras impresiones generadas por las apariencias pueden influir en las creencias y expectativas sobre el entorno que tiene una persona, dando lugar a la elaboración de juicios sobre otros individuos que se dar por ciertos sin tener pruebas de que así sea. Dichas generalizaciones no se dan únicamente a partir de las características físicas de alguien. Los rasgos y las conductas conocidas sobre alguien también pueden hacer que se considere de forma diferente el mismo tipo de conducta. Por ejemplo, una conducta de tipo impulsivo será categorizada de forma negativa en mayor o menor medida, dependiendo de sí la persona que realiza dicha conducta resulta agradable o no.

En general, los sesgos cognitivos se dan de forma inconsciente y sirven como herramienta para facilitar el procesamiento de la información a la que se hace frente en el día a día. Influyen en como un individuo percibe su realidad, a otras personas e incluso a sí mismo, y en cómo se relaciona con su entorno desde dicha percepción.

Al recibir nueva información, esta se procesa empleando herramientas con las que ya se cuenta y que aunque anteriormente hayan sido de utilidad para el individuo, no siempre son válidas. Se debe tener en cuenta que dichas herramientas permiten que el individuo absorba la mayor cantidad de información posible de la forma más favorable para él mismo, razón por la cual se mantienen en el tiempo pese a saber que inducen a errores.

multitudEsto es posible explicarlo de acuerdo al Modelo Secuencial de Percepción Social de Fiske y Neuberg, según el cual, cuando un estímulo, ya sea una persona, objeto o situación, capta la atención de un individuo, este lo analiza en base a los conocimientos previos que tenga, observando sus características y categorizándolo en base a ello. Si no despertará el interés del observador, la primera etapa del proceso finalizaría aquí, en caso de despertarlo, el nivel de atención sobre dicho estímulo aumentaría, permitiendo que nueva información sea recogida en la segunda etapa.

El siguiente paso consistiría en aunar la información obtenida en ambas etapas previas, permitiendo de este modo comprobar si la categorización realizada previamente era acertada, en cuyo caso finalizaría el proceso. Si no lo fuera, se daría paso a una recategorización, buscando nuevas formas de procesar la información obtenida, más adecuadas. Si las nuevas categorías fueran aun así insuficientes, el individuo deberá de buscar nueva información y comenzar el proceso de nuevo, centrándose ya en las características propias de lo observado y no en cómo estas se corresponden con la imagen que el observador tiene de las mismas.

En resumen, este modelo implica que si algo no resulta lo suficientemente interesante, apenas se le prestará atención, y que si es posible adecuarlo a las ideas previas que el individuo posee sobre las características de dicho estímulo, el esfuerzo que se hará para procesarlo será menor del que se realizaría en caso de que no fuera posible clasificarlo según las creencias de la persona. De este modo, desde un punto de vista positivo, se ahorra tiempo y es posible asimilar una mayor cantidad de información, el lado negativo es que, tal y como ya se ha dicho, puede dar lugar a errores, que no siempre se reconocen o se está dispuesto a corregir ya que pueden suponer para el individuo atravesar un proceso que le genere malestar e incluso sufrimiento.

Las razones que llevan a que las impresiones erróneas no se corrijan o elaboren para poder adecuarlas a una realidad más objetiva son numerosas y, además, determinan la perpetuación de los mismos modos de procesamiento de la información. Y es que, en la mayoría de las ocasiones, los sesgos cognitivos cumplen una función orientada a favorecer al individuo y a confirmar sus propias creencias sobre la realidad observada, distorsionándola para que pueda satisfacer sus propias necesidades. Si la imagen que un individuo tiene de sí mismo corre el riesgo de ser dañada, la información que se esté recibiendo en ese momento será analizada de forma que confirme las creencias de dicha persona y que reduzca la percepción de la amenaza o el daño que provoca.

¿Por qué se tiende a evitar esa posible amenaza? Ello es debido a que la interpretación de una situación, y sus consecuencias, como amenazantes, ya sea física o psicológicamente, puede desencadenar una reacción de ansiedad en el individuo como resultado de la interacción entre dicha interpretación y las formas de procesar la información que tenga, junto con sus propios mecanismos emocionales. La ansiedad en sí misma actúa como sistema de alarma, avisando al individuo de que algo puede dañarle y dándole la oportunidad de actuar en consecuencia, pero también causa malestar por sí misma.

Pese a todo, hay que tener en cuenta que no todo el mundo se sentirá amenazado ante las mismas situaciones, que su respuesta de ansiedad no será de la misma intensidad y que los métodos de afrontamiento de la misma también serán diferentes. Esto último, al igual que los mecanismos de procesamiento de la información, dependerá de las vivencias previas de la persona y de la utilidad que haya encontrado en el uso de diferentes estrategias.

Y es que, de forma paradójica, la ansiedad puede actuar como sesgo en sí mismo, distorsionando la realidad de una situación o agravando como ésta afecta al individuo. Si una situación concreta ha despertado una respuesta de ansiedad en otras ocasiones y no se encontraron herramientas de manejo que ayudarán al enfrentamiento de la misma, la creencia de que es posible volver a sufrir algo similar y no saber afrontarlo, podría no solo despertar una nueva respuesta de ansiedad, cada vez más intensa, sino influir el recuerdo posterior de dicha situación.

Es por esto que ante la aparición de un estímulo es importante no centrarse en la primera impresión que produce, sino avanzar más allá del momento inicial y observar tanto lo que hay en segundo plano, como lo que provoca que en uno mismo se despierten determinadas reacciones. Este es un proceso que en muchas ocasiones no es posible hacer por cuenta propia, sobre todo cuando puede causar malestar o sufrimiento. Es necesaria por tanto, la adquisición de herramientas que faciliten el manejo y el enfrentamiento a situaciones estresantes y dolorosas, y el análisis de los sucesos previos vividos por el individuo, que puedan influir en la vivencia de dichas situaciones estresantes como tales, para poder comenzar a observar el todo y enfrentarlo de forma de forma sana y adaptada a las circunstancias.

REFERENCIAS:

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